Gerente del año
Pedro Morán, premio Gerente del Año 2008
Pedro Morán, premio Gerente del Año 2008
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Pedro Morán, director general del Real Club de la Puerta de Hierro es el ganador del II Premio al Gerente del Año que concede ClubManagerSpain en colaboración con Riversa. Pedro Morán tiene sobrados méritos para recibir este galardón para el que le han votado los afiliados de ClubManagerSpain. Su dedicación, su buen hacer, su visión de futuro, su capacidad para crear un equipo sólido de trabajo, su prestigio profesional, hacen de él un ejemplo para el resto de cuantos nos dedicamos a la dirección de clubes deportivos. Su trayectoria profesional, que detallamos más adelante, ha dejado una indudable impronta en los clubes en los que ha ejercido su labor, en la industria del golf y entre las personas con las que ha trabajado.
La entrega de este premio, que recayó en Rafael Silvela Alós en su primera edición, tendrá lugar durante la cena-fiesta que ClubManagerSpain ha organizado para el próximo día 23 de octubre en el Hotel Avenida de América.
Una intensa carrera
Su carrera profesional empezó muy pronto. De hecho compaginó sus estudios de Derecho en la Universidad Complutense de Madrid con su primer trabajo en la Asociación de Profesionales de Golf. “Trabajé allí prácticamente desde sus orígenes, a principios de los años setenta”, cuenta. “Mi padre murió cuando yo tenía 11 años y había que espabilarse”.
La familia Morán veraneaba en Pedreña y Pedro era muy amigo de Severiano Ballesteros desde la infancia. Así que, cuando estaba terminando sus estudios, Seve le pidió que viajara a Los Ángeles para estar cerca del que entonces era su manager deportivo.
“Desde América me enviaron un contrato de dos años que me permitía realizar un curso en la Universidad de UCLA durante las tardes y trabajar por las mañanas. Lo curioso es que ese contrato fue la causa de que yo nunca llegara a trabajar en Estados Unidos”. Morán cuenta que consiguió un billete malo –barato, más bien–, que escala tras escala le llevó hasta Los Ángeles. Allí le pidieron su visado de turista e indagaron sobre el motivo de su viaje, los dólares que le iban a permitir sobrevivir, su lugar de residencia previsto... “Llevaba 1.000 dólares para dos años..., pero les hablé de que iba a casa de un amigo, les di su dirección en Beverly Hills y parecieron medio convencidos”; pero entonces, los agentes de aduana abrieron la maleta que, con esmero, había preparado Pilar, la señora que cuidaba de la casa y de los niños y que siempre había atendido a Pedro, y que “era como una segunda madre para mí”. Tanto esmero demostró la buena Pilar, que antes de cerrar la maleta introdujo el contrato que nunca debían haber visto los agentes de la aduana. Como consecuencia Pedro fue enviado de vuelta a Madrid y aterrizó en Barajas con 1.000 dólares y un futuro, al menos en ese instante, desbaratado. “En aquel momento, se me cayó el cielo y la tierra”, comenta.
Sotogrande, Las Brisas, San Roque
A veces, sin embargo, el destino se escribe con renglones torcidos y lo que podría parecer una jugarreta se convierte en el punto de partida de un futuro preferible: “En el fondo, aunque nunca se sabe lo que hubiera ocurrido, creo que fue mejor para mi vida. Mi destino cambió, pero eso me llevó por un camino más estable, más tranquilo”.
No tuvo que pasar mucho tiempo para que las piezas que iban a ir conformando su vida volvieran a unirse. “Sólo dos o tres días después de ese viaje fallido, me llamó Emma Villacieros. Iba a presentarse como candidata a la Presidencia de Sotogrande. Si era elegida, quería que yo la acompañara como gerente”. Emma fue presidenta y Pedro Morán se incorporó a Sotogrande. En aquel momento, 1977, Sotogrande era una urbanización con dos campos de golf, uno de los cuales se privatizaba para pasar a ser un club de socios. El jovencísimo Pedro, todavía terminando su carrera universitaria, se encuentra con un proyecto nada fácil, pero sí muy interesante: venta de acciones, organización del club, creación de la estructura contable, creación de nuevas instalaciones...
Esa fantástica experiencia le llevó, seis años después a la urbanización Nueva Andalucía, propiedad del señor Banús, que quería hacer algo similar: convertir uno de sus dos campos, Las Brisas, en un club privado de socios. “Creamos una estructura jurídica y económica similar a la que habíamos establecido en Sotogrande. Allí tuve la suerte de vivir, además, el Open de España de 1983 y el de 1987. Justo después de ese Open empecé un nuevo proyecto como Consejero Delegado de Asahi Kanko, S.A.”, una empresa líder en la tenencia y explotación de campos de golf en Japón. Al frente de esta empresa en España, y en un terreno lindante a Valderrama, Pedro Morán fue el encargado de poner en marcha San Roque: ordenamiento urbanístico, construcción de dos campos de golf, el Suite Hotel, la remodelación de la Casa-Domeq situada en aquella finca, la infraestructura de la urbanización, el desarrollo inmobiliario. De hecho, se ha mantenido como consejero de San Roque hasta mayo de 2006, aunque dejó la dirección de aquel club en 1990 para volver a Madrid.
La familia, lo primero
“Cuando llegué a San Roque tenía ya dos hijos y esperaba el tercero. Esto que te cuento forma parte más del ámbito personal que del profesional; pero me preocupaba que la formación y la educación de mis hijos en el ambiente, excesivamente frívolo y desenfadado, de aquella zona costera fueran adecuadas. Así que, cuando surgió la posibilidad de volver a Madrid, trasladé aquí mi residencia”. Primero, fue director senior de la empresa Mercapital y, poco después, entre 1993 y 2000, trabaja para Ferrovial como director de proyectos inmobiliarios, entre los que se encontraba el complejo Torrequebrada (hotel cinco estrellas, casino, urbanización y campo de golf).
Por fin, en enero de 2000 entra en Puerta de Hierro, donde hoy igue siendo Director General.

Una profesión difícil pero apasionante
Toda esta experiencia, resumida en pocos párrafos, ha permitido que Pedro Morán conozca a fondo diferentes modelos de club: ha gestionado clubes de green-fees y de socios, incluso ha vivido en primera persona transformaciones entre ambas fórmulas; sociedades pequeñas y mucho mayores...
“Todas las experiencias han sido muy positivas; de todas ellas he aprendido mucho”, asegura.
“Puerta de Hierro guarda ciertos paralelismos con Sotogrande, pero tiene otras dimensiones como club”. Claro que 15.000 socios, 160 empleados, instalaciones de golf, hípica, polo, etcétera confieren al veterano club madrileño una magnitud única. “Yo estoy feliz aquí. Tengo un personal maravilloso, muy identificado y con mucho cariño hacia el club: un equipo fantástico”.
Pero Morán es de los que piensa que siempre hay que seguir aprendiendo: “Cuanto más te dedicas a una cosa más cuenta te das de que hay que seguir con los ojos bien abiertos. Hay gente, incluso más joven, que sabe mucho y de la que se puede aprender. Es necesario escuchar, mirar y no mantener una actitud prepotente. Con el tiempo te das cuenta de que esa actitud de estar de vuelta de todo no es válida en este trabajo. Además los socios entienden cada vez más ellos mismos y, por lo tanto, exigen más. Ahora ven torneos en la televisión, conocen muchos campos, miran en Internet... Lo cierto es que en España el golf empieza a ser una industria que demanda buenos profesionales. Por eso creo que este soporte que ofrece ClubManagerSpain es tan bueno para nosotros”.
El director de Puerta de Hierro resume las cualidades que en su opinión requiere esta profesión, complicada pero apasionante. “Es muy vocacional. La preparación académica y técnica es necesaria; pero más importante aún es la dedicación, la vocación”. En su opinión, es fundamental, además, desarrollar un alto grado de empatía, una buena interrelación tanto hacia arriba, hacia la Junta directiva, como hacia abajo, hacia el personal y los socios: “Con mucha paciencia, con mucha mano izquierda…”.
Otro aspecto básico es no perder de vista los objetivos, tenerlos muy claros: “Es una profesión en la que esos tópicos de que los árboles no te dejan ver el bosque, o lo urgente no te permite abordar lo importante, son muy ciertos. Por eso es importante tener las ideas claras”.
Conseguir que la Junta aporte criterios claros debe de ser uno de esos objetivos: “Cuando desde la Junta Directiva me preguntan qué quiero, qué necesito, yo les pido criterios. Si están claros, se van consiguiendo”. Eso sí, reconoce que es una profesión dura, y así se lo ha explicado a su hijo, también Pedro, que trabaja en la Dirección de Flamingos Golf: “Resulta difícil conciliar la vida personal y la vida laboral. No hay horarios y el trabajo se concentra, muchas veces, en los fines de semana; pero yo soy un enamorado de ello y me ha ofrecido la oportunidad de conocer gente muy interesante, de aprender mucho, de ver multitud de cosas...”.
Como resumen de lo que supone convertirse en director de un club de golf, Pedro Morán recuerda aquel chiste que Forges publicó en 1997 en el que se ve a una mujer en una oficina de la Administración Pública:

- Funcionario: ¿Profesión?
- Ciudadana: Limpiadora, cocinera, doncella, costurera, planchadora, niñera, maestra, telefonista, recepcionista, choferesa, psiquiatra, enfermera, puericultora, economista, matemática, intendente, sensual geisa y amante.
- Funcionario: Todo esto no cabe.
- Ciudadana: Pues ponga “ama de casa”, es lo mismo.
“Nosotros somos un poco eso –termina Pedro Morán-: economistas, abogados, jardineros, relaciones públicas, poseedores de una paciencia infinta...”.












