Martes 22 de Julio de 2014
Síguenos en YouTube
Hazte socio

¿Qué es un club?

Por Daniel Asís

La pregunta era inevitable mientras visitábamos durante tres días algunos de los clubes más prestigiosos y tradicionales de Londres. Acompañados de directores de clubes de toda Europa y de Estados Unidos durante la celebración del BMI International a mediados de octubre, nos abrieron las puertas de algunos de los centros más renombrados de la capital del imperio británico. Clubes privados de acceso exclusivo para sus 'members', con instalaciones adecuadas a los barrios antiguos, las calles estrechas y a los edificios clásicos en los que se encontraban.

 

 

 

Reunión del BMI International

Muchos de ellos no ofrecen más que salones de lectura y reunión y un magnífico restaurante (Royal Automobile Club); otros añaden su propio pub (Royal Air Force Club) u otra sala con una impresionante mesa de billar snooker (The Caledonian, sólo para escoceses). Alguno ha desarrollado en sus sótanos una piscina cubierta climatizada y un gimnasio (Landowne Club). Los más alejados del centro se asemejan más a las instalaciones sociales deportivas de España, añadiendo a su oferta el tenis (All England Club) o el golf (The Berkshire Golf Club, o Hurlingham Club).
 Gran Bretaña es la cuna de los clubes en los que la alta sociedad se reunía según los intereses políticos o culturales de sus socios. La coffehouse de Oxford fue la primera en denominarse Club, tal y como afirma Joe Perdue en su libro 'Contemporary Club Management', y el Royal and Ancient Golf Club de St. Andrews, en la ciudad escocesa del mismo nombre, es el primer club reconocido relacionado con el golf.
No hay duda de que el ambiente en la mayoría de estos clubes emana un cierto sabor rancio, pero también un sentimiento de orgullo en los socios de los clubes y en los empleados, que se pone de manifiesto en la altivez del mirar de los primeros y en el servicio exquisito y delicado de los otros.
No puedes evitar preguntarte si este sentimiento es exclusivo de los clubes anglosajones. Si es posible vivirlo en España sin sentirse un imitador o un farsante. Si no será fruto de nuestra imaginación la percepción de que, salvo en muy contadas excepciones, la palabra “orgullo” no se asocie con frecuencia a la vinculación de un socio a un club en España; excepción hecha cuando el club permite transmitir a otro socio el derecho de uso por una millonada.

 

La percepción de muchos directores y gerentes de clubes en todas nuestras regiones es la de que parece que el socio (o usuario) del club se sienta arrepentido de haberse afiliado al club cuando la mayoría de las “sugerencias” que reciben tienen forma de quejas, órdenes o incluso recriminaciones.

Casi igual de triste, o más, es la cantidad de casos en los que la instalación de un buzón de sugerencias no dura más que unas semanas, hasta que, exceptuando la típica nota anónima de contenido indigno de repetir, las telas de las arañas ocupan el espacio destinado a recoger las notas de los socios.

Sabemos que esta actitud de muchos socios (no siempre la mayoría, por fortuna) sólo consigue erosionar el prestigio del club. Y el problema para el director del club es que, cuando falla o flaquea el prestigio del club, las miradas no buscan al entrenador del equipo de tenis, ni a los camareros del restaurante, ni siquiera a los miembros de la Junta Directiva, que se quejarán de que bastante hacen dedicando gratuitamente su tiempo al club. Los ojos se centran en el director o en la directora, por cuyas manos habrá pasado la oportunidad de anticipar el problema, y se le piden soluciones.

 

The Berkshire Golf Club

 

En ese momento no sirven de nada las quejas sobre la interferencia de los miembros de la Junta, ni la indisciplina del personal, ni la poca paciencia de los socios. El director tendrá que buscar en el espejo de su cuarto de baño a la persona que gobierne, si puede, la nave del club, y la oriente de nuevo rumbo hacia el Prestigio.

La receta que funciona en muchos clubes tiene tres ingredientes sencillos:
  • Una actitud profesional para establecer y mantener los procedimientos que esperan los socios y que inmediatamente asumirán como el nuevo nivel mínimo de calidad,
  • Evitar sorpresas negativas, anticipando las situaciones poco favorables que siempre se van a producir y comunicándolas de la manera adecuada.
  • Fomentar las sorpresas positivas, en forma de nuevos detalles que pongan de manifiesto el interés del club por el socio.


 Es una receta válida para cualquier club, aunque los clubes “comerciales” el director tendrá que desarrollar la tarea de convencer al Consejo de Administración de que el prestigio del club no va en contra de sus intereses empresariales y económicos, sino que puede consolidar la imagen y el atractivo de un negocio rentable en el largo plazo.



No importa el tamaño del edificio, el número de socios o la cantidad de pistas de tenis que tenga el club. No se podrá denominar Club si no tiene prestigio, si sus socios no están orgullosos de pertenecer al colectivo que disfruta de su tiempo libre en ese entorno. Y ésa es una de las tareas  más importantes sobre la mesa del director.

Boletín Club Manager Spain

¿Desea suscribirse a nuestro boletín?

Para entrar en el formulario de suscripción haga clic aqui.

Buscar

golfindustria.es
Blog Daniel
SomosGolf
Seguriber
Les Roches
CMS y CMAE

Login Form