Otras actividades
Culturales y sociales
¿Qué es un club?
¿Qué es un club?
Por Daniel Asís
La pregunta era inevitable mientras visitábamos durante tres días algunos de los clubes más prestigiosos y tradicionales de Londres. Acompañados de directores de clubes de toda Europa y de Estados Unidos durante la celebración del BMI International a mediados de octubre, nos abrieron las puertas de algunos de los centros más renombrados de la capital del imperio británico. Clubes privados de acceso exclusivo para sus 'members', con instalaciones adecuadas a los barrios antiguos, las calles estrechas y a los edificios clásicos en los que se encontraban.

Reunión del BMI International
Gran Bretaña es la cuna de los clubes en los que la alta sociedad se reunía según los intereses políticos o culturales de sus socios. La coffehouse de Oxford fue la primera en denominarse Club, tal y como afirma Joe Perdue en su libro 'Contemporary Club Management', y el Royal and Ancient Golf Club de St. Andrews, en la ciudad escocesa del mismo nombre, es el primer club reconocido relacionado con el golf.
Casi igual de triste, o más, es la cantidad de casos en los que la instalación de un buzón de sugerencias no dura más que unas semanas, hasta que, exceptuando la típica nota anónima de contenido indigno de repetir, las telas de las arañas ocupan el espacio destinado a recoger las notas de los socios.
Sabemos que esta actitud de muchos socios (no siempre la mayoría, por fortuna) sólo consigue erosionar el prestigio del club. Y el problema para el director del club es que, cuando falla o flaquea el prestigio del club, las miradas no buscan al entrenador del equipo de tenis, ni a los camareros del restaurante, ni siquiera a los miembros de la Junta Directiva, que se quejarán de que bastante hacen dedicando gratuitamente su tiempo al club. Los ojos se centran en el director o en la directora, por cuyas manos habrá pasado la oportunidad de anticipar el problema, y se le piden soluciones.

The Berkshire Golf Club
La receta que funciona en muchos clubes tiene tres ingredientes sencillos:
- Una actitud profesional para establecer y mantener los procedimientos que esperan los socios y que inmediatamente asumirán como el nuevo nivel mínimo de calidad,
- Evitar sorpresas negativas, anticipando las situaciones poco favorables que siempre se van a producir y comunicándolas de la manera adecuada.
- Fomentar las sorpresas positivas, en forma de nuevos detalles que pongan de manifiesto el interés del club por el socio.
Es una receta válida para cualquier club, aunque los clubes “comerciales” el director tendrá que desarrollar la tarea de convencer al Consejo de Administración de que el prestigio del club no va en contra de sus intereses empresariales y económicos, sino que puede consolidar la imagen y el atractivo de un negocio rentable en el largo plazo.
No importa el tamaño del edificio, el número de socios o la cantidad de pistas de tenis que tenga el club. No se podrá denominar Club si no tiene prestigio, si sus socios no están orgullosos de pertenecer al colectivo que disfruta de su tiempo libre en ese entorno. Y ésa es una de las tareas más importantes sobre la mesa del director.
Boletín Club Manager Spain
¿Desea suscribirse a nuestro boletín?















