Viernes 27 de Enero de 2012
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Los campos de golf, micro-reservas de naturaleza

La relaci贸n entre el golf y la naturaleza es compleja y puede (o debe) ser muy fruct铆fera. Como punto de partida,聽 cualquier campo de golf ha de someterse a una Evaluaci贸n de Impacto Ambiental,聽 obligatoria en las legislaciones de las Comunidades Aut贸nomas. Pero sobre esta base de m铆nimos cobra fuerza la tesis de que la gesti贸n de un campo de golf no s贸lo debe ser viable medioambientalmente, sino que se debe mostrar m谩s ambiciosa hasta聽 convertirse en el paradigma de una pol铆tica de conservaci贸n medioambiental.

Uno de los componentes m谩s relevantes en la pr谩ctica del golf聽 es el contacto con la naturaleza. Y uno de los activos m谩s importantes de un club es su entorno natural. Partiendo de la normativa b谩sica que obliga a un campo de golf a cumplir ciertos requisitos en materia de protecci贸n medioambiental surge un enfoque interesante en torno a la gesti贸n del mismo, del que ambos (golf y medio ambiente) pueden salir muy beneficiados: seg煤n Carlos del 脕lamo, Presidente-Decano de la Asociaci贸n y Colegio de Ingenieros de Montes, 鈥渆l campo de golf puede considerarse un Espacio Natural, y la gesti贸n privada de los campos de golf debe de ser un ejemplo de la gesti贸n de un espacio natural鈥.


Del 脕lamo intervino el pasado 22 de septiembre en las Ponencias sobre Golf y Medio Ambiente organizadas por el Real Club de Golf La Herrer铆a, en San Lorenzo de El Escorial. Su disertaci贸n acerca del papel de los clubes de golf en la gesti贸n de espacios naturales ofreci贸 un an谩lisis contrastado entre 茅sta gesti贸n y la que llevan a cabo en el mismo terreno las administraciones p煤blicas.


 Para Del 脕lamo 鈥渓os objetivos de uso y conservaci贸n (en un parque natural y un campo de golf) son semejantes, y los instrumentos de gesti贸n ambiental en ambas categor铆as de espacios, bajo criterios de sostenibilidad, son hoy similares. As铆 pues, las exigencias a las que queda sometida la gesti贸n de un campo de golf en esta materia no difieren de las que gu铆an la gesti贸n, por parte del Estado, de los Parques Nacionales鈥.

Un compromiso que mejora la imagen del golf

Enfocar la gesti贸n de un club priorizando los criterios de protecci贸n medioambiental puede conducirnos a un nuevo escenario de esta pr谩ctica deportiva, e incluso reportar beneficios a corto plazo. El golf es, en s铆 mismo, una actividad 鈥渂landa鈥 en cuanto a que los jugadores circulan por el campo sin impactar en el entorno, y conviven en armon铆a con la fauna, la flora y la naturaleza que les rodea. Por eso Carlos del 脕lamo no duda en considerar los campos de golf como 鈥渕icro-reservas de naturaleza鈥.


 Del 脕lamo, que tambi茅n es presidente de Tecnoma (empresa involucrada en proyectos de desarrollo medioambientalmente sostenible), ve en la propia estructura y configuraci贸n de un campo de golf las herramientas necesarias para la conservaci贸n del medio ambiente. 鈥淓n todos los campos de golf se establece una fauna asociada a su cubierta vegetal, que en muchos casos no existir铆a si 茅ste no se hubiera construido, tanto por los tipos de h谩bitats como por la protecci贸n que supone el entorno del campo. Adem谩s es muy frecuente disponer de agua almacenada en lagos que crean peque帽as zonas h煤medas que mejoran la biodiversidad del espacio鈥.


Tambi茅n apunt贸 Del 脕lamo que 鈥渓a estructura f铆sica de un campo de golf supone la existencia de una serie de estratos de vegetaci贸n de estratos diferentes: arbolada, arbustiva, de matorral y herb谩cea, que distribuidas de forma regular, proporciona sistemas de ecotonos donde se concentran聽 una gran diversidad flor铆stica y de fauna. El paisaje del campo de golf en la Espa帽a seca aumenta las posibilidades de mejorar la conectividad entre ecosistemas, y garantiza la movilidad de determinadas especies de fauna y flora asociadas a los h谩bitats del campo de golf. Es similar a lo que se denomina Equivalencia de H谩bitats, y que en pa铆ses como Estados Unidos generan recursos y servicios medioambientales que sirven para compensar las p茅rdidas de capital natural que, de otra manera, no se podr铆an recuperar鈥.


Con estas premisas, ignorar el potencial de un campo de golf para convertirse en una 鈥渕icro-reserva natural鈥 resultar铆a, cuando menos, una imprudencia. La construcci贸n de un campo de golf supone una alteraci贸n del espacio natural originario, pero una alteraci贸n con objeto de crear otro espacio natural. La instrumentalizaci贸n de la ecolog铆a como valor de marketing puede ser un argumento suficiente para quienes s贸lo atiendan a criterios de eficacia empresarial. Pero tambi茅n debemos caer en la cuenta de que los protocolos de actuaci贸n encaminados a la conservaci贸n medioambiental pueden ser rentables econ贸micamente.


Un buen ejemplo es la gesti贸n del Real Club de Golf La Herrer铆a, que tiene en su poder los Certificados ISO 9001 de calidad de gesti贸n e ISO 14001 que acredita una rigurosa gesti贸n medioambiental. Entre sus medidas se encuentra el reciclado de residuos org谩nicos, para el que se ha creado un sistema de contenedores compactadores para fabricar el compost que regresa al campo en forma de abono org谩nico.


 La Herrer铆a, adem谩s, ha llevado a cabo un ambicioso plan de reforestaci贸n que incluye la plantaci贸n de 800 谩rboles nuevos; una inversi贸n que acredita la eficacia de la gesti贸n privada de un espacio natural a favor de la conservaci贸n del entorno. Al mismo tiempo el club mantiene un acuerdo con la Sociedad Espa帽ola de Ornitolog铆a para el estudio y protecci贸n de las aves insect铆voras, que cuentan con numerosos nidales en el conjunto del bosque. Adem谩s, la Universidad Complutense colabora con el club en la catalogaci贸n y estudio de la fauna a trav茅s del Departamento de Zoolog铆a y Antropolog铆a de su Facultad de Biolog铆a.


No es el 煤nico club referente de la armon铆a entre el golf y la naturaleza. En Santander, por ejemplo, en Golf Santa Marina se ha demostrado que la construcci贸n de este campo no s贸lo ha tenido un m铆nimo impacto medioambiental, sino que ha servido para enriquecer el entorno natural.聽 As铆 lo confirma Jes煤s Garc铆a, naturalista del lugar que ha editado un libro sobre flora y fauna de la zona: 鈥淓n Santa Marina, junto a los dieciocho hoyos habituales, se puede vivir un segundo recorrido que es un peque帽o viaje por la naturaleza: el bosque de media monta帽a (de sombra), el secundario (de litoral), las formaciones de matorrales, los restos del encinar cant谩brico, el bosque de ribera, las salcedas de las tierras bajas... en peque帽a representaci贸n, es un jard铆n bot谩nico que se ofrece como un regalo poco habitual鈥.

La construcci贸n de este campo respet贸 al m谩ximo las caracter铆sticas orogr谩ficas y naturales del entorno, y hoy en d铆a se ha convertido en un para铆so ecol贸gico en el que sobreviven quinientas especies naturales que de otra forma no tendr铆an un h谩bitat propio.

Parques Naturales鈥 de golf

 鈥淟os campos de golf pueden incorporarse a聽 la creaci贸n de聽 Bancos de H谩bitats, desde el momento en que se acepte en Espa帽a la posibilidad de creaci贸n o restauraci贸n de ecosistemas como un procedimiento habitual de compensar las p茅rdidas y los da帽os que puedan provocar al medio ambiente las obras, las explotaciones mineras y otras actividades humanas鈥, propone Carlos del 脕lamo.

鈥淟a gesti贸n privada de espacios naturales introduce criterios de eficiencia econ贸mica sin disminuir la calidad ambiental de los recursos naturales del campo de golf, y descarga a los presupuestos p煤blicos del coste de la gesti贸n traslad谩ndola al usuario consumidor鈥. Por 茅sta y otras razones Del 脕lamo insiste en que los campos de golf son un ejemplo de las posibilidades que tiene un espacio natural de ser gestionado por la iniciativa privada.


鈥淓s evidente que hoy, en nuestro pa铆s, hay una diferencia importante entre un campo de golf y un espacio protegido en cuanto a su utilizaci贸n: en los campos de golf se paga por usarlos y en los montes y espacios protegidos, en los Parques Nacionales o Naturales, no鈥, afirma. 鈥溍塻ta es una gran diferencia. Los ingresos por el pago del servicio que se consume se destinan聽 al mantenimiento del campo de golf, pero en el espacio protegido los ingresos proceden de los presupuestos generales de la Administraci贸n. 驴Hay menos demanda en uno u otro caso?鈥, se pregunta Del 脕lamo, para responderse 茅l mismo: 鈥淣o parece鈥.


 De hecho, la demanda de juego en los campos de golf ha aumentado de forma espectacular en los 煤ltimos a帽os. Se estima en una media de 35.000 jugadores por campo y a帽o, hasta un total en los cerca de 400 campos de golf federados de 14 millones anuales. Es una cifra superior al n煤mero de visitantes en los Parques Naturales en Espa帽a, que se sit煤a alrededor de 11 millones y que es similar a la cifra de visitantes de los Parques Nacionales: 12 millones de personas.


Como conclusi贸n a este an谩lisis comparativo parece claro que la gesti贸n de un campo de golf no ha de menospreciar las implicaciones de 鈥済esti贸n de un espacio natural鈥. Adem谩s de reportar posibles beneficios econ贸micos a la propia entidad gestora puede servir para impulsar la consideraci贸n del sector del golf como agente social activo de conservaci贸n del medio ambiente. Algo muy importante si pensamos que dicho sector gestiona unas 24.000 hect谩reas de superficie en Espa帽a.

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